SAINT LAURENT [CINE]

A estas alturas, de sobra es conocida por tod@s la figura del diseñador y empresario francés Yves Saint Laurent, una eminencia en el mundo de la moda y un alma atormentada en lo que concierne a su vida personal.

Esta película se presenta como una especie de biopic, y digo "especie" porque no sigue una estructura narrativa de biopic al uso, en el que centra su obra y excesos entre los años 60 y 70, cuando el apogeo de la psicodelia, las drogas y el sexo se encontraban en su punto más álgido.

La película presentada en el Festival de Cannes del año pasado, tuvo una acogida demasiado fría y fue en parte...













...masacrada por la crítica, ciñéndose a ella como "(...) una mirada difusa e irregular de su vida" y como "una obra cargante con ínfulas de pretensión y profundidad", aunque hubo otras reseñas positivas, en las que destacaban que era evocadora y magnética a partes iguales.

Hay que decir que estuvo también en la lista de seleccionadas a Mejor Película Extranjera en los Oscar, pero no llegó a entrar en la categoría finalmente, aunque fue en los César donde obtuvo gran notoriedad con sus 10 nominaciones, terminando por llevarse solamente el premio a Mejor Vestuario, como era de suponer.


La película se nos abre con un Yves Saint Laurent en la mitad de su carrera, llegando a un hotel completamente abatido y queriendo conceder una entrevista, aportando información sobre una vida lastrada por los abusos y los complejos, lo que nos da una idea de lo que el film nos va a introducir, una figura con una naturaleza compleja.

Tras el primer contacto, el metraje avanza entre talleres, bastidores y altibajos, relegando a Yves Saint Laurent como un monigote en manos de su director, Bertrand Bonello. Parece ser que lo que le interesa más es mostrarnos el excentricismo que rodeaba su vida personal y los excesos, incluyendo numerosas escenas de bailes chapados a la antigua, fiestas privadas, donde el LSD mezclado con barbitúricos y ginebra estaban a la orden del día, además de dotar a su vida sexual de una pedantería alarmante. Y lo cierto es que mucho de lo que se cuenta a veces no interesa, pero hay que reconocerle cierto magnetismo, como ya he citado previamente, que te ayuda a no apartar la vista en ciertos momentos.





El actor y modelo Gaspard Ulliel encarna al diseñador en cuestión, pero creo que es una figura que le queda demasiado grande, a pesar de dotarle al personaje de buenas intenciones, dando la sensación que su representación no es más que la de un rancio gusto operístico y caricaturesco, mientras que a la vez asistimos a una especie de campaña publicitaria de más de dos horas, que supone una vacuidad que roza la parodia.

Pero no todo van a ser críticas. Creo que el montaje es arriesgado y en ese aspecto no sale perdiendo, todo lo contrario. Los flashbacks viniendo y volviendo una y otra vez (sobre todo en su segunda mitad) se siguen sin problema alguno y las escenas de su trabajo, en las que incluye el proceso en los talleres y los desfiles en las pasarelas, estando decoradas parte de estas escenas con unas "pantallas partidas" (las denominadas split screens) a lo De Palma muy originales, aspecto que se popularizó allá por los años 60, son un goce para todos los sentidos.

Además del montaje, creo que la fotografía y la estética también están muy cuidadas. Hay momentos que parece que estás viendo una película de los 60/70 y otros momentos en los que parece que asistes a un desfile real, aunque persiste un toque kitsch que no acompaña nada bien al resto del conjunto.

Otro aspecto que se describe a la perfección es esa obsesión que le unía al arte, especialmente con Mondrian y Picasso, a los que homenajeó en varias colecciones, reproduciendo motivos de estos artistas en sus propias confecciones.





Tanto fue así, que muchos años más tarde, tras la irrupción de otro tipo de moda predominante en ese momento y con la que él no casaba en absoluto, terminó por retirarse, añadiendo que ya se utilizaba la alta costura como si se tratara de verdaderos trapos para el hogar, carentes totalmente de ambición artística, y es en la película dónde eso también se retrata genuinamente, describiéndonos ya a un Yves Saint Laurent completamente despojado de esas ganas que le empujaron a involucrarse en el mundo de la moda y tremendamente exhausto, como si nos diera la impresión de que su vida ya ha acabado y no tiene nada más que ofrecernos. Aunque por arte de magia, en su plano final ya nos deja patente que es una figura con un gran legado que ha dejado una impronta importante y que su muerte no es más que una simple anécdota, trascendiendo su obra por encima de sus últimos días. Porque como ya dijo el propio Yves en su momento: "Un buen diseño puede soportar la moda de 10 años".



Por lo que al final, podemos resumir en que termina siendo una película que se aleja bastante de la realidad y que no deja traslucir el verdadero arte que subyace tras su rimbombancia y pretenciosidad, además de acusar de un metraje algo excesivo y de varias escenas que en mi opinión no vienen mucho a cuento, pero a pesar de todo ello, es una película que se deja ver en varios momentos y ya digo, que tiene ese poder magnético del que numerosos biopics carecen.


VALORACIÓN: 5/10



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